martes, septiembre 02, 2003

El fuego...

Hace exactamente tres segundos, Diana la trotamundos (una especie de moderno Prometeo), me regaló un pedacito de fuego. Lo atrapó con artes de prestidigitador, en el momento en que salía disparado por un encendedor fosforescente. Lo encerró en la jaula de sus diez dedos y lo empujó despacito, con ese vientecillo tranquilo que sale de sus labios de amapola. Por un momento (también de tres segundos), sentí el calor cruzando la barrera de mis pulgares...después una lágrima rodó por mi cara de luna: el fuego desapareció.... el espacio que le reservé no tenía oxígeno. Nada puede sobrevivir entre mis manos.