lunes, noviembre 22, 2004

Ronda de preguntas

Ella está desnuda, lúbrica, ofrecida. Al lado tuyo. Ella te pregunta, hombrecito, qué te gusta. Dónde y cómo te gusta que te toquen. Te pregunta curiosa si te gusta estar con ella. Si al hacerle el amor sientes placer.
Tú, hombre silencioso, por toda respuesta procedes a tocar mecánicamente su cuerpo. Le besas el cuello afanosamente. Masajeas sus senos de forma tosca. La penetras sin mirarla a los ojos.
Lo que tú no entiendes, hombre tonto, es que si ella pregunta todo eso, no lo hace con la esperanza de recibir tu manual e inmediata respuesta. Si ella te cuestiona, hombre imbécil, es con el deseo de verte desnudo, erguido, dispuesto. A su lado. A tí, hombre estúpido, preguntándole a ella. A ella. Qué le gusta. Dónde y cómo le gusta que la toquen. Si le gusta estar contigo. Si cuando le haces el amor siente placer.
¿Y sabes tú, hombrecito silencioso, tonto, imbécil y estúpido, para qué quiere verte preguntándole eso?

Para decirte que no.