lunes, noviembre 22, 2004

Ronda de preguntas

Ella está desnuda, lúbrica, ofrecida. Al lado tuyo. Ella te pregunta, hombrecito, qué te gusta. Dónde y cómo te gusta que te toquen. Te pregunta curiosa si te gusta estar con ella. Si al hacerle el amor sientes placer.
Tú, hombre silencioso, por toda respuesta procedes a tocar mecánicamente su cuerpo. Le besas el cuello afanosamente. Masajeas sus senos de forma tosca. La penetras sin mirarla a los ojos.
Lo que tú no entiendes, hombre tonto, es que si ella pregunta todo eso, no lo hace con la esperanza de recibir tu manual e inmediata respuesta. Si ella te cuestiona, hombre imbécil, es con el deseo de verte desnudo, erguido, dispuesto. A su lado. A tí, hombre estúpido, preguntándole a ella. A ella. Qué le gusta. Dónde y cómo le gusta que la toquen. Si le gusta estar contigo. Si cuando le haces el amor siente placer.
¿Y sabes tú, hombrecito silencioso, tonto, imbécil y estúpido, para qué quiere verte preguntándole eso?

Para decirte que no.

lunes, noviembre 08, 2004

Shhhh...

Y si digo que me quiero morir, ¿a quién le importa?

¿Qué pasa si digo que la vida apesta, que el mundo no me emociona?

No dejo huérfanos, viudos. Nada más allá de lo lógico, que pierde su razón precisamente por lógico...

¿Alguien me escucha si digo que necesito una razón para seguir intentando respirar?

¡Eh¡

¿Alguien me escucha?

...

Creo que no

¿Y si grito?

miércoles, noviembre 03, 2004

Estéril

Tengo veintidós años y no he parido nada.
Ni un hijo, ni un sueño, ni un libro.
Pierdo sin duda el tiempo en mediocres atisbos de un por qué.
Retuerzo las dudas
Padezco demencia
Demando certeza
Y un poco de paz

Pero sigo aquí. Aquí sentada,
con mis veintidós malparidos años.