martes, marzo 29, 2005
lunes, marzo 28, 2005
El Momento Posterior
Cinco minutos. Sólo necesito cinco minutos para sentirme satisfecha. Me he tomado el tiempo y soy infaliblemente exacta. Debes creerme: sólo cinco simples minutos.
Es este el mismo tiempo que tú demoras en el baño, desde que cierras la puerta y escucho tu orín caer, hasta que te lavas las manos sustituyendo el olor de mi sexo por el del jabón y regresas conmigo, a la cama, ahora sí para abrazarme y sentirte viril al notar mi agradecida mirada.
Sólo entonces me hago ovillo en el hueco de tu axila. Aspiro el calor de tu sudor y aún saboreo el breve -pero intenso- placer que acabo de conseguir con mi mano y una almohada. Nada comparable a la media hora o los veinte minutos en los que me tocas bruscamente y eyaculas exhausto, con el arrullo de mis gemidos aprendidos, repetidos. Aprendidos, repetidos.
Me besas la frente y cerramos el abrazo.
Quizá no hay, pequeño, momento más feliz para ambos que la conclusión del amor: cierras tus ojos pacífico, creyéndote el Dios de mi cama; apago mis ojos serena, sabiendo que sólo cuento contigo para el momento posterior.
Y así dormimos toda la luna.
Es este el mismo tiempo que tú demoras en el baño, desde que cierras la puerta y escucho tu orín caer, hasta que te lavas las manos sustituyendo el olor de mi sexo por el del jabón y regresas conmigo, a la cama, ahora sí para abrazarme y sentirte viril al notar mi agradecida mirada.
Sólo entonces me hago ovillo en el hueco de tu axila. Aspiro el calor de tu sudor y aún saboreo el breve -pero intenso- placer que acabo de conseguir con mi mano y una almohada. Nada comparable a la media hora o los veinte minutos en los que me tocas bruscamente y eyaculas exhausto, con el arrullo de mis gemidos aprendidos, repetidos. Aprendidos, repetidos.
Me besas la frente y cerramos el abrazo.
Quizá no hay, pequeño, momento más feliz para ambos que la conclusión del amor: cierras tus ojos pacífico, creyéndote el Dios de mi cama; apago mis ojos serena, sabiendo que sólo cuento contigo para el momento posterior.
Y así dormimos toda la luna.
jueves, marzo 10, 2005
Hasta entonces
Cuando quieras invitarme a respirar tu espacio,
y tengas algo mejor que decir
y puedas sentir el suelo que ahora devastas
y no mires con furia recargada
y aceptes tus errores
y los afrontes con voz en rostro
Hasta que rebases la edad mental de cinco años
o amanezcas con las pestañas cansadas
o mueras de abrazos no repartidos
o recuentes veinte veces las tonterías que ahora te niegas
o te apetezca besar cerrando los ojos
Sólo cuando eso te pase
Sólo hasta que eso suceda,
te quiero volver a ver
y tengas algo mejor que decir
y puedas sentir el suelo que ahora devastas
y no mires con furia recargada
y aceptes tus errores
y los afrontes con voz en rostro
Hasta que rebases la edad mental de cinco años
o amanezcas con las pestañas cansadas
o mueras de abrazos no repartidos
o recuentes veinte veces las tonterías que ahora te niegas
o te apetezca besar cerrando los ojos
Sólo cuando eso te pase
Sólo hasta que eso suceda,
te quiero volver a ver





