lunes, marzo 28, 2005

El Momento Posterior

Cinco minutos. Sólo necesito cinco minutos para sentirme satisfecha. Me he tomado el tiempo y soy infaliblemente exacta. Debes creerme: sólo cinco simples minutos.
Es este el mismo tiempo que tú demoras en el baño, desde que cierras la puerta y escucho tu orín caer, hasta que te lavas las manos sustituyendo el olor de mi sexo por el del jabón y regresas conmigo, a la cama, ahora sí para abrazarme y sentirte viril al notar mi agradecida mirada.
Sólo entonces me hago ovillo en el hueco de tu axila. Aspiro el calor de tu sudor y aún saboreo el breve -pero intenso- placer que acabo de conseguir con mi mano y una almohada. Nada comparable a la media hora o los veinte minutos en los que me tocas bruscamente y eyaculas exhausto, con el arrullo de mis gemidos aprendidos, repetidos. Aprendidos, repetidos.
Me besas la frente y cerramos el abrazo.
Quizá no hay, pequeño, momento más feliz para ambos que la conclusión del amor: cierras tus ojos pacífico, creyéndote el Dios de mi cama; apago mis ojos serena, sabiendo que sólo cuento contigo para el momento posterior.
Y así dormimos toda la luna.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

La descripción de tu poema es intensa, en un aire intimista y recogido, a la vez que en movimiento, que llena la irreptible plenitud del instante.....

8:34 a.m.  

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