domingo, septiembre 07, 2003

Amor de padres

Mamá, ¿por qué no fui bailarina?. ¡Qué pregunta!, las bailarinas son altas, hermosas y delgadas, y tú no eres nada de eso. ¿Y qué?, a mí me gusta bailar y no lo hacía tan mal. No, pero te ves ridícula. Cuando era chica, muchas veces te pedí que me llevaras a clases de danza... Y preferí no hacerlo para evitar que te convirtieras en la burla de medio mundo, imagínate, hubieras lucido como esos elefantes morados de "Fantasía". Mmmmm. ¿No has visto a Blanca, la hija de los vecinos?. No. Pues deberías hacerlo para que te de envidia: ya bajó diez kilos y se ve muy bien. Qué bueno. Ash!, lo que más me desespera de tí es que todo te da lo mismo, ¿por qué no te quieres un poquito?. Pero sí me quiero mamá, y por eso me acepto así; soy gordita. Gordita, sí cómo no, pareces señora. Ay mamá no seas exagerada. No soy exagerada, ya me dijo tu padre que estás engordando más, y que hasta pareces embarazada. ¿Eso te dijo?. Sì, y lo peor es que me echa a mí la culpa, como si yo te diera de tragar todas las porquerías que te empaquetas. Mejor cambiemos de tema ¿no?, fíjate que hay un chavo que me gusta y... Bueno, ¿tú estás loca o qué te pasa?, ¿a poco crees que alguien se va a fijar en tí con esa pinta que traes?. No a todos les gustan las flacas. Según tú, pero no nada más es eso, mírate; ni siquiera te arreglas, eres una fodonga. Pero este chavo parece entusiasmado conmigo, me busca... Segurito para pedirte algo, las gordas no sirven para otra cosa, pero allá tú si te quieres emocionar, ya veremos si el muchachito este soporta agarrarte las piernas celulíticas... ¡Ash! ¿y ahora por qué lloras?. ¿Por qué me dices esas cosas?. Pues porque es la verdad mi vida: tu padre y yo sólo queremos lo mejor para tí, por eso de vez en cuando te hacemos comentarios inocentes, para ver si picándote el orgullo haces algo por tí hija. Esos comentarios no son inocentes. ¡Ah!, ahora resulta que no se le puede decir nada a la señorita, claro, eres una malagradecida pero un día te vas a dar cuenta de que tengo razón. Quiero ser feliz mamá. Y me alegra que pienses así: nosotros queremos que lo seas. Entonces ya no me digan esas cosas. No niña, tú no entiendes: es necesario, no se te olvide que no hay gordas felices. No las hay. Y ya límpiate esos mocos y pónte a hacer abdominales.