martes, septiembre 09, 2003

Rosa infancia

Me puse a pensar de repente en la niña que ya no soy.
Mi niñez que no tuvo charcos, árboles, moretones, manchas ni fracturas, pero que sin embargo fue buena.
Mi niñez de muñeca de porcelana, de ser la consentida de los maestros, de dieces y sólo dieces -nunca nueves, porque entonces mi padre se negaba a firmar la boleta-, de alegrías reprimidas, lecturas solitarias y caricias nunca recibidas.
Me acordé de mis once años. De mi primer amor de once años: un perfecto principito azul que me robó un beso en la mejilla, provocando el sonrojo de ambos.
Se me vinieron de golpe mis vestiditos con moño y babero. Floreados. El pelo largo trenzado por las manos de mi mamá. Y también la inocente impudicia: abrir las piernas sin importar quién pudiera ver mis chones rosas. Ay!, mis chones rosas....
Un día, no se cómo, me encuentro crecida. Cómo duele crecer!: entender que las sombras en la recámara no eran escalofriantes avistamientos del "coco", sino simples juegos de luz. Dejar a los Santos Reyes. Los juegos con mi hermano. Leer a Blancanieves. Abandonar todo..menos mis chones rosas, por supuesto. Ni el recuerdo fresco de mi amor de once años.
Aún ahora extraño los senos planos, el vientre redondo, las manos pequeñas y la mirada reposada de mi infancia rosa y simple. Feliz a pesar de.

Cómo habré añorado mis once años y la mentada infancia feliz, que tiempo después, cuando hací­a (ensayaba, mejor dicho) mi primer amor de adultos, me quité yo misma los inolvidables chones rosas.

NOTA AL MARGEN: Y aquí me pregunto: ¿quién jodidos se pone calzones rosas para perder la virginidad?...demonios