AÑORANZA
La ventana filtra unos cuantos rayos de selene sedienta, que caen como humo sobre la contundencia de tus caderas. Así iluminado, dormido, adquieres toda la paz de los cuartos sin nombre, de los ojos de las tortugas que cumplieron su misión en la playa. La luna te pinta un pedazo de cuerpo, mientras te pierdes en sueños que no miro ni toco. Son casi las tres de la mañana de un día que no amanece, y en cinco o diez minutos más comenzarás ese ronquido monocorde que te obliga a cambiar de posición. Tal vez me mires entonces y con una sonrisa de las tuyas, me pidas mansamente que rasque tu espalda. A la derecha, ahora a la izquierda, abajo, un poco más abajo, ahí. Tal vez también suceda, que apartes de mi frente el cabello rebelde para sembrar uno de tus besos, mientras entorno los ojos y germino deseos. Tal vez incluso me abraces hasta que tu pecho y el mío, se fundan de pronto en un escalofrío luminoso.
Si todo eso pasara, yo besaría uno por uno los lunares que estrellan tu rostro, el contorno de tu oreja volátil, la sombra indefinida de tus pestañas, el pezón erizado que florece en tu tronco, la vena despierta que palpita en tu sexo, esa mancha oscura que tienes en la ingle, tu rodilla raspada y hasta la uña pequeña del dedo pequeño de tu pie pequeño. Si todo eso pasara, te gritaría sollozando, que me arde el hipotálamo de tanto quererte. Si todo eso pasara…
La mirada lunar está caminando, y tú comienzas ese ronquido monocorde que te obliga a cambiar de posición. Entonces yo cierro los ojos y me finjo dormida, mientras tú te levantas de la cama y te vistes tratando de no hacer ruido. No reparas ni en mi vientre ofrecido, ni en la ventana que filtra la luz testigo de mi añoranza.
El aire se queda un poco más estrecho sin tí. Yo mojo la almohada con una ligera lluvia dolorosa, que logra arrullarme antes de que la mañana esta vez sí amanezca. Al despertar, empapada, comprendo ya sin lluvia que los sueños, vienen a ser la reconciliación con el día.
Si todo eso pasara, yo besaría uno por uno los lunares que estrellan tu rostro, el contorno de tu oreja volátil, la sombra indefinida de tus pestañas, el pezón erizado que florece en tu tronco, la vena despierta que palpita en tu sexo, esa mancha oscura que tienes en la ingle, tu rodilla raspada y hasta la uña pequeña del dedo pequeño de tu pie pequeño. Si todo eso pasara, te gritaría sollozando, que me arde el hipotálamo de tanto quererte. Si todo eso pasara…
La mirada lunar está caminando, y tú comienzas ese ronquido monocorde que te obliga a cambiar de posición. Entonces yo cierro los ojos y me finjo dormida, mientras tú te levantas de la cama y te vistes tratando de no hacer ruido. No reparas ni en mi vientre ofrecido, ni en la ventana que filtra la luz testigo de mi añoranza.
El aire se queda un poco más estrecho sin tí. Yo mojo la almohada con una ligera lluvia dolorosa, que logra arrullarme antes de que la mañana esta vez sí amanezca. Al despertar, empapada, comprendo ya sin lluvia que los sueños, vienen a ser la reconciliación con el día.






0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home