jueves, septiembre 18, 2003

Nuestra vida es miserable e irreversible...

lunes, septiembre 15, 2003

"Alguien más" tiene gripa

Afuera está lloviendo, algo así como si el cielo llorara.

Recuerdo que tienes cosquillas en la palma de la mano,
siempre decías que no, pero te retorcías como suave lombricilla al contacto de mis dedos.

(Y supongo que también al contacto de los dedos de "alguien más"...)

Recuerdo que te gusta el dominó. Al principio yo no entendía el chiste de ese jueguito de borrachos, pero luego me imaginé quitando las bolitas negras de las fichas para hacerte con ellas unos lunares. Entonces fue divertido, porque yo besaba -con esos besos que tú me conoces- los lunares en tu piel.

(Y supongo que también "alguien más" los besó...)

Recuerdo tu letra redonda, ligada, continua, perfecta. Cuando le eché el primer vistazo, comprendí que en tu otra vida fuíste amanuense. En esos días escribías poemas en mis pezones sonrosados.

(Y -qué lata- supongo que en los pezones de "alguien más"...)

Apenas ahorita me acuerdo que lo que más me duele no es que no estés conmigo, sino que cuando me tocabas, tocabas también a alguien más. En realidad a varias "alguien más".

Cosa curiosa: recuerdo que ya no recuerdo tu nombre, pero ah!, qué bonito sonaba...

Sabes?, afuera llueve, como si el cielo llorara. Aquí adentro, me pierdo en recuerdos abusurdos y me muero de gripa. Exacto, tengo gripa, como si mi cuerpo llorara.
(Y precisamente a estas horas de la noche, me importa un cuerno si "alguien más" también tiene gripa)

martes, septiembre 09, 2003

Rosa infancia

Me puse a pensar de repente en la niña que ya no soy.
Mi niñez que no tuvo charcos, árboles, moretones, manchas ni fracturas, pero que sin embargo fue buena.
Mi niñez de muñeca de porcelana, de ser la consentida de los maestros, de dieces y sólo dieces -nunca nueves, porque entonces mi padre se negaba a firmar la boleta-, de alegrías reprimidas, lecturas solitarias y caricias nunca recibidas.
Me acordé de mis once años. De mi primer amor de once años: un perfecto principito azul que me robó un beso en la mejilla, provocando el sonrojo de ambos.
Se me vinieron de golpe mis vestiditos con moño y babero. Floreados. El pelo largo trenzado por las manos de mi mamá. Y también la inocente impudicia: abrir las piernas sin importar quién pudiera ver mis chones rosas. Ay!, mis chones rosas....
Un día, no se cómo, me encuentro crecida. Cómo duele crecer!: entender que las sombras en la recámara no eran escalofriantes avistamientos del "coco", sino simples juegos de luz. Dejar a los Santos Reyes. Los juegos con mi hermano. Leer a Blancanieves. Abandonar todo..menos mis chones rosas, por supuesto. Ni el recuerdo fresco de mi amor de once años.
Aún ahora extraño los senos planos, el vientre redondo, las manos pequeñas y la mirada reposada de mi infancia rosa y simple. Feliz a pesar de.

Cómo habré añorado mis once años y la mentada infancia feliz, que tiempo después, cuando hací­a (ensayaba, mejor dicho) mi primer amor de adultos, me quité yo misma los inolvidables chones rosas.

NOTA AL MARGEN: Y aquí me pregunto: ¿quién jodidos se pone calzones rosas para perder la virginidad?...demonios

Amor de paloma

Después de tanto llanto he comprendido la mecánica de este amor. Barrí desde hace tiempo la sal que dejaron las lágrimas; la sal que dejó el olvido, o más bien, la nada. Y al final de la sal, me vi como paloma.
He recibido sólo amor de paloma. No pudiste, no quisiste, no se te dio la gana darme algo más. Y no digo paloma porque sean fieles (eso ni siquiera existe aquí) y se pasen la vida con una pareja -dicen-, más bien hablo de dar amores, hacer amores, fingir amores, desear amores como comen las palomas. A migajas.

Ahora ya lo se, pero de cualquier modo no me importa. Lo acepto porque sólo eso recibiré de ti. Entonces...dame otra migajita de luz, amor mío.

Fallida declaración de amor...

Me gustan los hoyos que se te forman en los cachetes cuando te rìes.
Me gustan tus ojos de chìcharo, tus cejas severas y tu cabeza despeinada.
Me gusta verte con los niños, con la gorra volteada, la chamarra torcida, el pantalòn caìdo y tu mirada de infinita paciencia que hace que luzcas como un niño grande.
Me gustan tus manos torpes y tus abrazos recièn aprendidos.
Me gustarìa que estuvieras enfermo una eternidad, para verte dormir, mesarte los cabellos, caminar en los surcos de tu frente y buscarte la fiebre con recursos tontos de enfermera.
Me gusta verte enojado, pero de lejos y cuando no es conmigo.
Me gusta verte manejar, muy concentrado.
Me gusta verte haciendo "cosas de hombre" y que luego te quejes de la inutilidad colectiva.
Me gustan tu abuelo y tu papá.
Me gusta cuando lees algo que te emociona, y te pones a desmenuzarlo con terquedad de tortuga, hasta que llegas a la semilla.
Me gusta cuando cantas a gritos las canciones que te gustan.
Me gusta verte tan frìo, cuando en el fondo sabes que quieres afecto, aunque no lo reconozcas.
En fin, me gusta pensar en tì desde que pienso, como dice el poeta que nos cimbra a los dos.
Me gusta que no digas nada, porque ambos sabemos que no hay nada que decir.
Me gusta....

Lo único que no me gusta, es que de mi no te gusta nada...

domingo, septiembre 07, 2003

Amor de padres

Mamá, ¿por qué no fui bailarina?. ¡Qué pregunta!, las bailarinas son altas, hermosas y delgadas, y tú no eres nada de eso. ¿Y qué?, a mí me gusta bailar y no lo hacía tan mal. No, pero te ves ridícula. Cuando era chica, muchas veces te pedí que me llevaras a clases de danza... Y preferí no hacerlo para evitar que te convirtieras en la burla de medio mundo, imagínate, hubieras lucido como esos elefantes morados de "Fantasía". Mmmmm. ¿No has visto a Blanca, la hija de los vecinos?. No. Pues deberías hacerlo para que te de envidia: ya bajó diez kilos y se ve muy bien. Qué bueno. Ash!, lo que más me desespera de tí es que todo te da lo mismo, ¿por qué no te quieres un poquito?. Pero sí me quiero mamá, y por eso me acepto así; soy gordita. Gordita, sí cómo no, pareces señora. Ay mamá no seas exagerada. No soy exagerada, ya me dijo tu padre que estás engordando más, y que hasta pareces embarazada. ¿Eso te dijo?. Sì, y lo peor es que me echa a mí la culpa, como si yo te diera de tragar todas las porquerías que te empaquetas. Mejor cambiemos de tema ¿no?, fíjate que hay un chavo que me gusta y... Bueno, ¿tú estás loca o qué te pasa?, ¿a poco crees que alguien se va a fijar en tí con esa pinta que traes?. No a todos les gustan las flacas. Según tú, pero no nada más es eso, mírate; ni siquiera te arreglas, eres una fodonga. Pero este chavo parece entusiasmado conmigo, me busca... Segurito para pedirte algo, las gordas no sirven para otra cosa, pero allá tú si te quieres emocionar, ya veremos si el muchachito este soporta agarrarte las piernas celulíticas... ¡Ash! ¿y ahora por qué lloras?. ¿Por qué me dices esas cosas?. Pues porque es la verdad mi vida: tu padre y yo sólo queremos lo mejor para tí, por eso de vez en cuando te hacemos comentarios inocentes, para ver si picándote el orgullo haces algo por tí hija. Esos comentarios no son inocentes. ¡Ah!, ahora resulta que no se le puede decir nada a la señorita, claro, eres una malagradecida pero un día te vas a dar cuenta de que tengo razón. Quiero ser feliz mamá. Y me alegra que pienses así: nosotros queremos que lo seas. Entonces ya no me digan esas cosas. No niña, tú no entiendes: es necesario, no se te olvide que no hay gordas felices. No las hay. Y ya límpiate esos mocos y pónte a hacer abdominales.

viernes, septiembre 05, 2003

Irremediablemente

Todos tus sueños, irremediablemente, devienen en insomnios poblados de recuerdos,

Todas tus lunas, desesperadamente, se deshacen en rehacer el pasado compartido, y entonces,
te hundes en el abismo de sus ojos de tres horas.
caminas de nuevo, por los parajes que sus manos horadaron en tus senos,
saboreas ese beso con sabor a guayaba,
repites el delicioso pecado de tenerlo dentro...
le diriges la misma mirada tierna, ahora que está exhausto, dormido sobre tí,
revives sus dedos largos rascando tu pubis, en la pausa de ese amor de sombras, que una vez hicieron.

Cuando te has cansado de repasar tus fantasmas, intentas espantar el insomnio, pero desoladamente:
lo buscas a tientas y a oscuras en el espacio que dejó sin vida,
cuentas nueve mil borregos sòlo para darte cuenta que todos tienen su nombre.

Al final, aunque llega el sueño, despiertas de repente, ensopada en lágrimas porque lo acabas de ver en un barco sin color: lo viste tranquilo y repitiendo tu nombre.

Esto no es locura, son masoquismo y rabia sorda.

Toda tu vida, definitivamente, se te va en arrancar y matar otro pedacito de anhelo.

jueves, septiembre 04, 2003

He de morir en algún momento. He de desaparecer, esfumarme, diluirme. No se cómo ni se en qué circunstancias, pero se que llegará el día...OJALÁ SEA HOY.

Acuática Evasión

Tienes un deseo inmenso de salir corriendo. Tirar las cosas en cualquier lugar, sin preocuparte por tu libreta de matemáticas y mucho menos por tu agenda, tirana de papel. Sencillamente quieres correr, estás harta.
Deseas perseguirte tú misma, en vez de permitir que otros lo hagan. Quieres soltarte el cabello y dejar que vuele contigo y se enrede muy a su gusto. Vas a quitarte los zapatos y aventar los calcetines para sentir el piso rugoso, las piedras y el pasto que te hace cosquillas. Tienes ganas de correr y quitarte la blusa y el pantalón, los calzones de algodón y el bra que nunca fue "wonder". Quieres correr con los pechos bamboleándose al aire, descaradamente. Y después reir. Parar de repente y dar vueltas hasta el mareo. Correr otra vez, sin dirección, sin rumbo, sin preocupación. Tirarte donde sea, una vez que estés muy cansada y que entonces, comience a llover. Quieres que llueva mientras tú bailas desnuda, chapoteando en los charcos de cinco minutos. Luego vas a llorar. Llorar y mezclar las dos aguas. Volver a correr, a bailar, a caer, a llover, a dormir, a llover, a soñar, a vivir.... Agua...

triste

Me doy cuenta de que el escritor (y no sólo él, sino los intentos de) realiza su tarea en función de su estado de ánimo. De cómo le fue en este día. Desde que se levanta hasta que se va a dormir, va guardando en su libreta los abrazos, dolores, sonrisas y llantos que se le atravesaron durante la jornada.
Creo esto porque así me ha pasado a mí. Ayer estaba feliz y veía un colibrí tornasolado, libando una preciosa flor. Hoy me siento triste, y veo sólo un puñado de escarabajos, perpetuamente hundidos en un charco de mierda.

martes, septiembre 02, 2003

El fuego...

Hace exactamente tres segundos, Diana la trotamundos (una especie de moderno Prometeo), me regaló un pedacito de fuego. Lo atrapó con artes de prestidigitador, en el momento en que salía disparado por un encendedor fosforescente. Lo encerró en la jaula de sus diez dedos y lo empujó despacito, con ese vientecillo tranquilo que sale de sus labios de amapola. Por un momento (también de tres segundos), sentí el calor cruzando la barrera de mis pulgares...después una lágrima rodó por mi cara de luna: el fuego desapareció.... el espacio que le reservé no tenía oxígeno. Nada puede sobrevivir entre mis manos.

La paz...

...Abstenerme de todo acto físico que pueda perturbar mi paz y la de los demás.
Abstenerme de todo acto físico que pueda perturbar mi paz y la de los demás...
...Abstenerme de todo acto físico que pueda perturbar mi paz y la de los demás.
Mirándome con sus ojitos de chícharo y sus manos de caricias inconclusas, está sentado a mi derecha, el tipo del que me pensé enamorada hace cinco minutos. Este cuate pretende convencerme de que la infelicidad y el desamor de nuestras respectivas existencias, se puede corregir mediante la respiración pausada y la flagelante meditación. Lo que él no entiende es que por mucho que respiremos, nos hallamos podridos y sepultados por siempre en el fango morado de la desolación...no entiende que seguiremos enamorados (cada quien por su lado, por supuesto) de dos entes a los que desde hace cuatro y cinco años no les oímos los labios.
No es que me esté mofando flagrantemente de este tipo (como él mismo afirma), es sólo que mi tristeza ya cruzó todos los puentes.
Sin embargo (eso lo dice él) siempre hay una esperanza... (eso también lo dice él, respirando tranquilamente y con sus chicharitos volteados hacia el cielo de concreto).
Yo creo sin embargo (porque sí hay un "sinembargo"), que no hay nada en este mundo que me haga "Abstenerme de todo acto físico que pueda perturbar mi paz y la de los demás"....en primera porque no existe mi paz (por cierto, qué carajos es eso?) y en segunda, porque los demás no me importan desde que Él (no el que tengo a mi derecha, sino el de los cuatro años) ya no me mira con sus dedos largos y sus ojos de tres horas. (esto será reparado, en cuanto localice a la sanguijuela que me deja exangüe).